12 oct. 2008

:::Sakura, la flor del cerezo::::








Desde la antigüedad, los japoneses exaltan la belleza del sakura, el cerezo del Japón.
Tanto aman a su delicada flor, que le han concedido un lugar privilegiado en su historia y cultura.

De hecho, la consideran la flor por excelencia, hasta el punto de que en ciertos contextos, se refieren al sakura con la palabra para “flor”.
Esta predilección nació hace más de mil años.
En el archipiélago del Japón existe un sinnúmero de cerezos que adornan el paisaje. No hay que viajar muy lejos para encontrar alguna de las 300 variedades autóctonas.
Las flores suelen ser de cinco pétalos dentados -aunque otras variedades tienen mucho más- y están dispuestas en racimos. Presentan una gama cromática que va desde el blanco casi puro hasta el rosado e incluso el carmesí, con sutiles tonos intermedios. Su forma y su color han simbolizado por siglos la pureza y la sencillez.
La imagen del cerezo en flor es espectacular. Cuando la tenue luz del sol se filtra entre las nubes y baña sus delicados pétalos, el árbol emite un resplandor entre rosáceo y blanquecino. Claro, más imponente aún es ver un cerezal entero.


Las flores del cerezo suelen caer muy pronto. La flor del sakura es delicada y con el viento enseguida cae. Así, se puede disfrutar de su belleza y al caer en su plenitud, no da tiempo a verla marchitar.

Esto guarda relación con parte del código samurai en Japón. Es más, el emblema de los guerreros samurai era la flor del cerezo. La aspiración de un samurai era morir en su momento de máximo esplendor, en la batalla, y no envejecer y "marchitarse", como tampoco se marchita la flor del cerezo en el árbol.
Existen dos variedades del sakura, una en blanca y otra en un tono rosa pálido. Hay una leyenda japonesa que dice que antes, las flores del cerezo eran sólo de color blanco.



La leyenda de la flor de Sakura

Durante la Era mejí, en Japón, era muy común que se fuera a buscar la las casas a los mejores samuráis que había sin importar lo viejos que fueran. Durante años se mantuvo una guerra que se cobró numerosas vidas.
En esta época florecían los árboles de Flor de cerezo o flor de ciruelo.
Entonces, no era de extrañar que las mujeres casadas con samuráis se quedaran solas, por lo que estableció una ley en la que se le prohibía a la mujer casada de un samurai en batalla que se viera con otro hombre que no fuera de su familia. La ley establecía que cualquier mujer seria libre de casarse o juntarse con amigos si ésta probaba que su esposo había muerto en combate. Curiosamente en registros nunca se encontró ninguna mujer ejecutada por esta ley, y sin embargo se encontraron tantas muertas como samuráis de distintas zonas.
Ninguna de estas mujeres fue asesinada, ellas mismas lo hacían con el nombre de su esposo muerto en batalla si este era un samurai. Esto siempre lo hacían frente a un árbol de flor de cerezo que con la sangre que absorbía se fue tornando rosada.
Siempre que salía un samurai de su casa se sembraba un árbol de Cerezo en su honor... O por si era necesario.












1 comentario:

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